De exilio y exiliados:En Nicaragua no todo migrante es necesariamente un exiliado político 

1. La palabra “exilio”, según la RAE, significa “separación de una persona de la tierra en la que vive y la expatriación, generalmente por motivos políticos”. En la Nicaragua gobernada por la familia del sandinista, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, esta definición cambió radicalmente y ahora, según datos de organismos internacionales, desde el 2018, más del 12% de la población que salió de Nicaragua se dice fue por razones “políticas”, luego del levantamiento popular que pedía la dimisión de la dinastía Ortega Murillo, que lleva en el poder más de 19 años. 

2. De ahí que, la definición “por razones políticas” en Nicaragua para sentirse exiliado ha cambiado. Hay varios tipos de exiliados y exiliadas. Están los famosos: políticos que quieren tomar el poder y uno que otro seguidor de estos famosos; es decir que militan en un partido. 

3. Están los líderes de grupos de campesinos y uno que otro acompañante de grupos de sociedad civil o de ex organizaciones no gubernamentales que les apoyan en sus procesos de lucha en otros países. Están los excarcelados por el régimen, entre los que se encuentran ex presos de todas las corrientes políticas, incluyendo sandinistas del partido de gobierno que fueron expatriados a Estados Unidos, en su mayoría, estos suman más de 400; están los sacerdotes opositores al régimen que fueron expulsados del país; los periodistas, sacados a la fuerza y otros que se autoexiliaron. 

4. Y están los que no pueden probar que son exiliados y esperan ser aceptados como tales en distintos países. Esta es la lista más numerosa. Gente que se burló del levantamiento del 18 y después quiso salir y solicitó asilo en nombre de una expresión de repudio que no compartían. Se suman, además, a este grupo miles que entran y salen de Nicaragua sin problema, pero en el país donde viven se declaran “exiliados”. Hay de todo en la viña del señor, dice el dicho. 

5. Si partimos que el 12% de la población de Nicaragua vive fuera, esto representa un total de 780,000 personas viviendo en su mayoría en Estados Unidos, Costa Rica, España, y otros países con menos nicaragüenses como en los países nórdicos, Holanda, México, entre otros. 

6. La dictadura ha sacado oficialmente del país a periodistas, sacerdotes, miembros de partidos políticos, ex presos políticos y otros casos de gente a la que no dejan entrar cuando salen del país pero no tienen pruebas de ello, pues las aerolíneas les dejan abordar, pero al llegar a alguna conexión les dicen oralmente que no pueden llegar a Nicaragua y en el peor de los casos cuando ya estás en el aeropuerto de Managua. De esta gente no hay datos oficiales porque no les dan ninguna notificación que pruebe la expatriación.

6. Si uno saca cuentas, se dice que hay 400 periodistas fuera, 200 sacerdotes, alrededor de 500 expresos políticos y los que no pueden entrar sin saber las razones no hay dato, pero no son los casi 800 mil nicaragüenses en el exterior, pues muchos salen y entran sin problema. Conozco gente que vive como exiliada en otros países y viajan a Nicaragua con sus pasaportes nicas. No se trata de juzgar, se trata de ser justos con los que realmente sufren un exilio forzado, que no es igual a tomar una decisión por las razones que sea de vivir en otro país. 

7. Cuando uno, por trabajo o por opción propia decide denunciar los abusos de poder de una dictadura, sabe a lo que se expone. Eso sí, cuando lo hicimos en el 2018 en Nicaragua no imaginamos que el sandinismo en el poder, un movimiento dizque de carácter social y que defendía los derechos de las mayorías, iba a actuar como lo hizo: una represión sanguinaria que logró controlar el levantamiento a costa de sangre y silencio, fortaleciendo sus métodos de represión en los últimos ochos años desde aquella masacre. La respuesta fue la salida de cientos de miles no forzados y unos centenares obligados. 

8. El país es tan pequeño que todo se sabe y todo se puede sumar. Somos alrededor de seis millones y medio de personas que nunca hemos estado en los altos índices de inmigrantes económicos o por violencia social como ocurre con los vecinos: Guatemala, Honduras y El Salvador. Parece que esta dictadura nos igualó por otras razones con estos países, aun cuando los índices de violencia social todavía en Nicaragua no alcanzan por lo menos a Honduras y Guatemala, cuyas tasas de homicidios siguen siendo de las más altos del mundo en tiempos de paz.

9. Pero volviendo a las características propias de lo que es un “exiliado”, lo más duro, en miles de casos, es no poder volver, uno porque el país que te acoge como tal cuando hay pruebas te prohíbe ir a tu país de origen y tiene lógica, si se puede entrar y salir de la nación de nacimiento no se puede ser exiliado. La probación de que el Estado te inhibe tu estancia es por demás la prueba fehaciente de ser “perseguido político”. 

10. Cuesta entender que alguien sin tener necesidad de vivir en otro país, se preste a estar “ilegal”, cuando no te creen ser perseguido en tu país de origen. Conozco gente que está enferma, con problema económicos serios, huyendo de la migra, que no fue aceptada como exiliada que vive en esas condiciones con tal de no regresar a su tierra. Sin embargo, es más fácil entender esta situación que alguien que este obligado por no poder estar en su país y desee no ser ilegal en el país de acogida. Cosas de nicaragüenses. Un país que históricamente ha aprendido a despreciar lo suyo y admirar lo de fuera. 

11. Desde el punto de vista antropológico se puede entender que el homo sapiens es una especie que por sus movimientos territoriales ha logrado evolucionar; pero contradictoriamente necesita de “su” territorio para tener sentido de pertenencia. Las comidas que se inventa desde su entorno, el vocabulario que usa independiente de hablar un idioma común con otros, su vestimenta en poblaciones originarias, son muestras que la necesidad de pertenencia es inherente a su sobrevivencia y orgullo de especie. 

12. Por ello, no se trata ni de victimizar ni vanagloriar el estatus de “exiliado”. Para quien verdaderamente se respete a sí mismo debería de ser una bandera de lucha: no tener que aspirar a ser exiliado para vivir en el lugar que quiera, pues solo esa condición para muchos es una marca como estar presos. El extranjero lo será siempre en otro lugar y eso no lo cambia ni la legalidad en el país de acogida ni el gusto por la comida local, a no ser que se vea, como la mayoría de nicaragüenses en el exterior, como una gran oportunidad. 

13. Esa “gran oportunidad” expresó el escritor Sergio Ramírez, expatriado por la dictadura por “traidor a la patria”, fue lo que le ocurrió a él pues si no ha salido de Nicaragua y volverse “español”, no hubiese entrado en la RAE. Esto dicho por él mismo.

14. Este tipo de “exiliados” con responsabilidades de poder de lo que ocurre en Nicaragua con la violencia permanente de Estado, se siente victorioso de su condición y lo expresan con un toque, para mí, de cinismo, pues ni siquiera recuerdan su responsabilidad en el sistema de poder que ayudaron a construir para que Nicaragua este como este. 

15. Pero bueno, la realidad siempre tiene concesiones para unos y olvidos para otros. A nadie le interesa si los exiliados obligados viven mejor o peor que en sus países de origen, se deprimen o no. 

16. Los exiliados famosos de Nicaragua, en el actual contexto, parecieran ser los únicos felices de su situación en la historia contemporánea de América Latina. He leído historias terribles de exiliados, en su momento, de argentinos, uruguayos, chilenos, principalmente, pero no he leído ninguna historia de dolor por esa condición de ningún nicaragüense. Y cuando alguien lo hace es como ser desagradecido, inmoral y una serie de calificativos que se termina por callar y admirar en público lo que se calla en silencio. 

17. No lo cuento como heroína: yo reté mi prohibición y entré ilegal a mi país, después de ejercer mi derecho de viajar fuera. Estuve casi 90 días, externamente de lo que fue mi casa. Me sentía bien estando escondida, pero fue imposible resistir la culpa de que alguien se viera afectado por mi situación: mi casero, que no sabía de mi situación; mi familia que tenía miedo de verme; mis amigos que se arriesgaban a encontrarme. Con el tiempo el miedo y la culpa de afectar a otros se hizo insostenible y tuve que salir como entré. 

18. Lo peor no es estar prohibida de estar en tu país por una notificación del régimen, lo peor es el miedo que siente la gente que te quiere de buscarte y la culpa que una siente si les pasa algo.