“El país que se cerró sobre un apellido: memorias de la Nicaragua posterior a 2018”

Los escenarios que han sostenido a la dictadura de la familia Ortega Murillo después de las masacres de 2018 no son solo cifras, decisiones políticas o maniobras institucionales. Son vivencias. Son las huellas que dejó un país que vio cómo un levantamiento popular, espontáneo y sin padrinos, fue aplastado a sangre y fuego. Desde entonces, Nicaragua ha sobrevivido entre silencios forzados, exilios masivos y una economía que, aunque respira, lo hace gracias al sacrificio de quienes tuvieron que marcharse, al capital financiero y productivo privado interno y al Fondo Monetario Internacional, FMI.

  1. La dictadura Ortega Murillo pudo revertir los efectos del levantamiento popular que duró tres meses, de abril a julio de 2018, con el apoyo decidido del capital financiero nacional y extranjero; los grupos de producción agroexportadores y la permanencia de las transnacionales mineras y de maquila. El apoyo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, FMI y el Banco Mundial, principalmente, sin menoscabo de los préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Centroamericano, entre otros entes de peso para llevar a cabo proyectos y sostener la macroeconomía, claves para demostrar la eficacia de la dinastía en la administración del país.
  2. Según el Banco Central de Nicaragua, los años 2018 al 2020, fueron presentados como “recesión”: la economía sufrió una fuerte contracción debido a la crisis sociopolítica de 2018 y los efectos de la pandemia de COVD-19, con una caída promedio anual del 2,7% en ese trienio; del 201 al 2023, se habla de “recuperación: el país experimentó un rebote económico significativo. Destaca el crecimiento del 10,3% en 2021, seguido de una estabilización en 2022(3,8% y 2023 (4,4%); asimismo califican como “consolidación” la tendencia de crecimiento firme, pues en 2l 2024, el PIB creció un 3,6%; para el cierre de 2025, el oficialismo reportó un crecimiento del 4,9% impulsado por la inversión y el consumo interno. Para el 2026 se espera un descenso sostenido del 3,9%, según fuentes oficiales.
  3. Las sanciones a funcionarios del régimen impuesta por Estados Unidos de manera sistemática desde el 2018 no ha afectado el crecimiento macroeconómico, situación que le permite a la dictadura respirar en un ambiente tenso en términos políticos, no así en lo económico como ha ocurrido en Venezuela y Cuba, sus símiles regímenes autoritarios.
  4. Estados Unidos no ha castigado las fuentes de sostenimiento a través de la bolsa de valores del capital del Ejército de Nicaragua a pesar de las sanciones a altos mandos del Ejército de Nicaragua, fiel aliado del régimen y protector de su sistema político por la vía de la represión.
  5. Los negocios bilaterales de la familia Ortega con otros países, en una confusión Estado-familia no se han detenido y continúan fortaleciéndose a escalas que complementan la dinámica micro económica con la macroeconomía, dando una imagen de país que se desenvuelve normalmente en términos económicos.
  6. Las remesas también mantienen el país. Debido a la alta migración producto de la crisis política fue nombrada como decisiva en el aumento de las divisas con las que se sostiene la macroeconomía. Según el Banco Mundial, “las remesas familiares se han consolidado como el principal motor de la economía nicaragüense, experimentando un crecimiento exponencial que pasó de representar aproximadamente el 11-12% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2018 a cerca del 30% proyectado para el cierre de 2025.
  1. Durante los primeros años tres años, luego del desmontaje militar del levantamiento cívico (2018, 2019, 2020), la dictadura mezcló estrategias que iban desde: toma de presos políticos, persecución a la iglesia católica, destierro de algunos personajes opositores; sin embargo, en estos años paralelamente, los sectores adversos al régimen continuaron sus denuncias y trabajos políticos con la pistola en la sien, pero se lograban realizar acciones de denuncias. Los medios de comunicación cubrían los abusos del régimen, la iglesia podía, desde sus púlpitos denunciar la violencia política; las organizaciones de la sociedad civil podían realizar sus actividades aun en medio de la represión. 
  2. En estos años fue un vaivén de tomar presos políticos y luego soltarlos, empezó el éxodo masivo y la población se vio obligada a tomar sus medidas para salvarse, ahora no solo de la pandemia, la cual el gobierno la vivió como si nada pasara y la gente se protegió por su cuenta. 
  3. Llegó el 2021, año previsto para realizar nuevamente elecciones nacionales que ya se habían convertido en eventos fraudulentos desde el 2006 en que Ortega tomó el poder nuevamente después de 16 años en la oposición y de haber gobernado durante los años 80 como cabecilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN. En esta nueva etapa, ese organismo ya solo le servía a Ortega, los sellos y las letras como emblema, pero su apuesta desde 2006 fue consolidar desde su figura un entorno familiar que lleva ya consolidándose 20 años.
  4. Nuevamente los dos o tres partidos opositores que todavía pintaban en la legalidad que dirigía el régimen, cayeron en la trampa de participar en las elecciones nacionales con un gobierno acusado de crímenes de lesa humanidad por haber asesinado a 350 personas durante el levantamiento popular, por haber puesto presos a más de 400 personas en distintos momentos, por haber provocado un éxodo masivo, por instaurar un régimen de terror, entre otras acusaciones internacionales. 
  5. La respuesta del régimen ante esta apuesta ingenua de la dizque oposición de ir a estas elecciones, seguros de ganar ante el descontento popular, fue desaparecer la personalidad jurídica a los que se atrevieron a participar; tomar el control total de todas las alcaldía en manos de partidos otrora legales; echar presos a los principales dirigentes que se atrevieron a autoproclamarse candidatos y hacer nuevamente las elecciones solos y auto reeligiéndose como ganadores la pareja presidencial.
  6. Con el poder nuevamente a sus anchas, lo que siguió desde 2022 fue el desmontaje de lo poco que quedaba de espacios de participación democrática que no fueran los partidos pues esos ya no existían legalmente, con la desaparición de más de cinco mil organizaciones de sociedad civil; la cooptación total de los poderes del Estado al Ejecutivo, la creación de la figura de copresidenta de la esposa del dictador y presidente fraudulento, Daniel Ortega, el nombramiento de las instituciones más importantes de control económico y político de los hijos de la familia presidencial, en una suerte de darles oportunidad de dar la cara para posible sustitución del poder en caso de ser necesario por la longevidad de sus progenitores.
  7. Desde 2021, el Estado es la familia Ortega Murillo. Ya no existen partidos políticos, no existen organizaciones de sociedad civil, la iglesia católica solo sirve en sus púlpitos a puesta cerrada; los opositores y presos políticos fueron desterrados y acusados de traición a la patria, los poderes del Estado ya no existen como entes autónomos; el Ejército y la policía son controlados por el Ejecutivo; la Asamblea Legislativa no tiene opositores, y solo sirve para legislar lo que demanda el Ejecutivo, es decir, la dinastía orteguista.
  8. En el escenario político internacional, la dictadura esta aislada, pero todavía respira. No es el caso de Cuba ni de Venezuela. Estados Unidos abrió las puestas a su país, antes de Trump, para que miles de nicaragüenses fueran beneficiados de sus políticas migratorias como el parole, pero esto ya caducó; las sanciones han estado presentes desde el 2018 y este año tocaron a algunos hijos de los dictadores, pero antes ya fue sancionada la copresidenta, sin que esto merme el control y la falta de apertura democrática en Nicaragua.
  9. El pasado 22 de abril, en un acto por la “paz”, a ocho años del levantamiento popular, Ortega despotricó como en sus viejos tiempos de antimperialista contra Trump y le acusó de prácticas que parecieran lo estaban describiendo a él: “asesino”, “desquiciado mental” y “ladrón”, en respuesta a las sanciones que ya suman más de cincuenta y en la que recientemente se incluyen a la mayoría de sus ocho hijos con Rosario Murillo.
  1. Los llamados sectores opositores en Nicaragua, desde la pérdida del poder del sandinismo en 1990, luego de una cruenta guerra civil financiada por Estados Unidos y de un desgaste de las políticas autoritarias del régimen sandinista de corte socialista en aquellos tiempos, la conformación de una oposición civil al sandinismo, ha sido frágil pues en los últimos 36 años, lo que hubo como expresión opositora ha sido, con el sandinismo y Ortega como su representante, una suerte de colaboraciones entre ambos sectores. 
  2. En los primeros gobiernos liberales dizques democráticos que vivió el país, siempre compartió el poder con su opositor: el sandinismo. En la Asamblea siempre fueron mayoría y legislaban políticas neoliberales; después Ortega negoció cuotas en los poderes del Estado, por lo tanto, ese partido fue parte del Estado; después fue controlando las elecciones locales hasta convertirse en el mayor partido que sostenía la localidad, la capital Managua la controló por 10 años con gobiernos liberales, en fin, nunca estuvo fuera ese partido de las decisiones políticas de importancia para Nicaragua durante los 16 años de gobiernos democráticos (1990-2006).
  3. Se puede preguntar, ¿cómo se construye una oposición fuerte en un país que cada partido va cediendo los términos políticos a conveniencia de un sandinismo que en cada momento de estos últimos 36 años ha movido los hilos del destino de un país que no conoce la democracia pues ha pasado los últimos 100 años en manos de dictaduras sangrientas? Cuarenta y cinco años de dictadura somocista (1934-1979); autoritarismo sandinista (1980-1990) democracias con el control militar sandinista (1990-2006); dinastía orteguista de origen sandinista (2006-2026).
  4. A ocho años de el único movimiento popular que luchó sin partido por una Nicaragua libre, sin armas y sin padrinos durante tres meses, fue desarticulado no solo por la represión sanguinaria del régimen de Daniel Ortega con los resabios del sandinismo; sino también por la falta de representatividad de un grupo de saco y corbata que se autoproclamó como opositor al ver la oportunidad de le dieron las grandes mayorías de luchar por un país mejor, pero que quiso validar a la dictadura sin exigirles ninguna garantía de hacer justicia por los muertos, para ir a las elecciones del 2021. La respuesta de la dinastía no se hizo esperar: desmanteló todo proceso de legitimar a un dizque oposición que atentaba en contra de sus intereses económicos y su infamia.
  5. Así las cosas, esa oposición ha quedado desarticulada por el régimen, en el exilio, sin propuesta estratégica, incapaz de salir de sus salones de denuncias que solo dan respuesta a lo que dice la dinastía y sin una propuesta estratégica que pueda dar al traste al régimen y a la espera de que nuevamente Estados Unidos se deshaga del sandinismo, aunque siempre lo deja en coma y vuelve a resurgir porque nadie tiene la valentía de hacerlos desaparecer por completo.