Chantaje y perversión en la hiperburguesía mundial

¿Qué es la hiperburguesía que domina el mundo en pleno crepúsculo del sistema mundo capitalista y de la civilización moderna, cuya presencia es bochornosa en la tercera década del siglo XXI? ¿Cuáles son las diferencias con la burguesía del siglo XIX y la burguesía del siglo XX? Podemos decir para comenzar que esta hiperburguesía se caracteriza por la hipertrofia de su composición desbordante, que corresponde a una minúscula minoría, que detenta en sus manos la mayor parte de la riqueza del sistema mundo capitalista, llegando a los extremos de la acumulación amplia de capital por la vía financiera y especulativa. En segundo lugar, se trata de una élite que tiene al alcance de sus manos, una demoledora maquinaria militar, que cuenta con armas de destrucción masiva, además de contar con una red de servicios de inteligencia y servicios secretos, que intervienen de manera soterrada en todas las soberanías de los países, a tal punto, que estas soberanías terminan siendo suspendidas, a pesar de las apariencias. En tercer lugar, se trata de una élite, que al manejar el excedente de capital de alcance fabuloso y pornográfico, no sabe qué hacer con él, ni con su tiempo y termina embarcada en prácticas perversas de desbordes sexuales sádicos, que colocan como víctimas a niñas y niños, en el epicentro de una lujosa trata de blancas y de cuerpos. El escándalo de los archivos Eipstein muestran los niveles de degeneración logradas por una élite geriátrica, que al colocar como objeto y materia de poder a los cuerpos de niñas y niños evidencia el alcance mismo de la destrucción humana, la inhumanización y la cosificación sin precedentes.

Lo llamativo de los archivos Eipstein no es solamente la descomunal evidencia de documentos, fotografías y videos, sino también la elocuencia de la existencia de semejantes indicios del crimen y del delito. Pregunta: ¿Por qué se tiene tanta información? ¿Acaso los protagonistas de semejantes orgías, violaciones y hasta presuntos crímenes se expusieron a que se los fotografíe, se los filme y documenté? Presumiblemente no, no fueron consultados. Las grabaciones, las fotografías y los filmes, además de los documentos, están ahí con el objeto de la coerción y el chantaje. ¿Quién manejó este sistema de coerción y de chantaje bien montado? ¿Fue solamente Jeffrey Epstein y su pareja Ghislaine Maxwell? ¿Hay, como se dice, servicios secretos y de inteligencia que operaron en las sombras? Presumiblemente sí. ¿Qué clase de élites es está que se boicotean y chantajean entre ellos? Ya no se trata de competencia burguesa como en el siglo XIX y en el siglo XX, si no de una guerra sórdida y despiadada en espacios turbulentos y perversos de las redes de microfísícas del poder, que tienen a los cuerpos de niñas y niños y adolescentes como materia y objeto de satisfacción, de goce, de perversión, de hombres profundamente insatisfechos.

Por otra parte, aunque sean sorprendidos por semejante sistema de coerción y de chantaje, la élite geriátrica, famosa y detentora de poder, ha estado presente, esto es innegable. Es decir, es protagonista evidente de las prácticas perversas sexuales, delincuenciales y criminales que se perpetraron en esos oasis artificiales e islas reales, que se usaron en una amplia y sofisticada red de trata y tráfico de cuerpos, con el objeto del abuso y satisfacción perversa, por parte de la élite que domina el mundo.

Hay gente que dice que por las montañas de información que se tienen publicadas, por su desorden y descontextuamiento, además de que no estar verificadas, no son del todo útiles para iniciar juicios e incluso el impeachment. El mismo departamento de justicia, obligado a publicar los archivos, ha mencionado de qué se tratan de documentos no verificados. De todas maneras, la información está ahí, los protagonistas están mencionados en la documentación, aparecen las fotografías y videos. En todo caso, se puede decir que hay profusamente indicios múltiples y proliferantes de delitos y crímenes sexuales contra menores de edad. Es algo que no se puede negar. Que investigaciones exhaustivas lleguen a la verdad histórica, tengan la responsabilidad de hacerlo, es obviamente la tarea a efectuar. Tarea empero que casi nunca se cumple, porque la élite se encubre, se protege, el poder hace todo lo que está al alcance de sus manos para descalificar las evidencias y para dilatar cualquier juicio que pueda haber, incluso puede optar por los asesinatos de testigos y testimonios, como lo que ha ocurrido.

¿Qué nos dicen estos contrastes? Por una parte tenemos un sistema de coerción y chantaje, de control, para apoyar los lobbies, que buscan ventajas en grandes negocios de la industria armamentística, de la especulación financiera, incluso del negocio inmobiliario de dimensiones gigantescas, que quieren perpetrarse después del genocidio en Gaza. Por otra parte, la evidencia de qué la élite geriátrica, famosa y poderosa, se dedica en sus momentos de ocio a la perversión. Lo que nos dice el contraste entre coerción y chantaje, por un lado, y evidencia innegable de los delitos y crímenes, por el otro, es que asistimos a niveles altamente degradantes de la decadencia. Estamos ante una élite inculta – los iconos «culturales» – referentes mediáticos de una élite aburrida y ociosa, que detenta fabulosas acumulaciones de capital a través del control de acciones, de inversiones y asociaciones, así como compras de emporios, conformando corporaciones abrumadoramente gigantescas. Una élite que no aporta a la cultura, más bien expresa la degradación cultural, más bien la sabotea, incentivando e impulsando lo que se vienen llamar el sistema mundo cultural de la trivialidad. Esta élite tiene súperganancias sin hacer nada, dejando el trabajo técnico administrativo e investigativo a un conglomerado importante de científicos, ingenieros y técnicos, que vienen a ser algo parecido a un proletariado altamente calificado, que permite las ganancias y súperganancias de gente ociosa. Ese es el capitalismo tardío en pleno crepúsculo de la civilización moderna.

En La economía política de la parte maldita escribimos;

Las sociedades no son tan diferentes como se cree, depende cómo se las vea, desde qué perspectiva. Si salimos de un socio-centrismo, si nos concentramos en los modos de consumo de las sociedades, veremos diferencias en lo relacionado al consumo del excedente;  empero, en lo que respecta a la parte maldita del excedente, esa parte que se perdería irremediablemente, si no se la consume como gasto inútil, también como lujo, así mismo como sacrificio, como destrucción, como guerra, parte maldita donde el erotismo también forma parte de los gastos irremediables, todas las sociedades tienen problemas parecidos en lo que respecta al gasto inútil del excedente.  Aparentemente las sociedades capitalistas no tienen gasto inútil, como ocurre con las sociedades pre-capitalistas y no-capitalistas; sin embargo, observando detenidamente, desde la perspectiva de los modos de consumo, nos encontramos que la llamada producción, que forma parte del consumo de energía, en el sentido pleno del término,  efectúa destrucciones, que pueden considerarse inútiles, que pueden considerarse costos irremediables, ocasionados, por ejemplo, contra los ecosistemas. Por otra parte, el modo de producción capitalista, sobre todo en su etapa avanzada, destruye fuerzas productivas antes que acaben su ciclo de desgaste, por motivos de competencia. Así como no deja de destruir parte de su producción sobre-ofertada. Sobre todo la destrucción ecológica, la contaminación, la depredación, la explotación expansiva de los recursos naturales, pueden considerarse destrucciones innecesarias, considerando que se puede efectuar la explotación de los mismos de una manera racional, si se quiere, planificada, de forma complementaria,  restaurando los ciclos vitales afectados.

¿Qué es la parte maldita? En el mismo ensayo citado se dice lo siguiente:

Georges Bataille llama la parte maldita al excedente que tiene que ser devuelto como don, como derroche sin contrapartida.  Dice que, a pesar de las magnitudes fabulosas, en las que se da en las sociedades capitalistas, el sentimiento de maldición está vinculado a la exigencia de consumation de la riqueza. El gasto destructivo de la guerra ratifica este sentimiento de maldición, confirmando que se trata de la parte maldita. La denuncia de la injusticia, sobre todo cuando se trata de denunciar la exuberancia de los lujos frente a la escandalosa pobreza, es otro sentimiento de la maldición y otra corroboración de que se trata de la parte maldita. Anota también que la justicia tiene su contrario en la libertad, cuando la libertad se opaca ante la justicia, aparece ligada a las necesidades; sin embargo, no hay que olvidar que la libertad exige riesgos, la voluntad de asumir riesgos.

Inmediatamente después se expone el contexto teórico que aborda Gerges Bataille:

El autor de La Parte maldita hace una introducción teórica donde explica El sentido de la economía general; el sentido tiene que ver con la dependencia de la economía en relación con el recorrido de la energía sobre el globo terrestre, con la necesidad de perder sin provecho el excedente de energía que no puede servir al crecimiento del sistema, con la pobreza de los organismos o conjuntos limitados y el exceso de la riqueza de la naturaleza viva, con la guerra considerada como un gasto catastrófico de la energía excedente. En el libro citado Georges Bataille presenta las leyes de la economía general; la primera, tiene que ver con la sobreabundancia de energía bioquímica y el crecimiento. La segunda, con los límites del crecimiento. La tercera, con la presión de la vida. La cuarta, con el primer efecto de la presión: la extensión. La quinta, con el segundo efecto de la presión: la dilapidación o el lujo. La sexta, con los tres lujos de la naturaleza: ingesta, muerte y reproducción sexuada. La séptima, con la extensión efectuada por el trabajo y la técnica, además del lujo del hombre. La octava, con la parte maldita. La novena, con la oposición del punto de vista “general” al punto de vista “particular”. La décima. Con las soluciones de la economía general y la “consciencia de sí”.

Comentando el libro de Alberto acosta, la maldición de la abundancia, a propósito de la parte maldita, se escribe:

La economía política de la parte maldita, de esa parte que tiene que ver con la destrucción de la naturaleza, tiene que entenderse como consumation; es decir, como consumo destructivo del excedente natural. En la economía-mundo capitalista la destrucción de la naturaleza se legitima con la “ideología” del desarrollo, en términos culturales, en términos imaginarios; se trata de entregar este sacrificio de los pueblos y la naturaleza al dios de la valorización del valor, el capital. En las economías particulares de las periferias del sistema-mundo capitalista la destrucción es irreversible, aunque también se justifica esta destrucción con la “ideología” del desarrollo, este desarrollo no se da en las periferias, salvo como espejismo urbano y comunicacional. El sacrificio de los coterráneos no se explica sino como autosacrificio en aras del desarrollo global.

Respecto a la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el mismo ensayo citado, se expone:

Las economías periféricas del sistema-mundo capitalista no consumen de manera directa la destrucción de la naturaleza, el consumo productivo lo hacen las economías centrales; las economías periféricas solo ven la destrucción concluida.  Del retorno a la valorización abstracta sólo participan en la captura de la renta, no de la valorización. Por más que suban los precios de las materias primas esta retención del valor de las materias primas no deja de ser renta, no llega a ser valorización. La confusión de los economistas cipayos radica en confundir renta con valorización; quieren ingresar al desarrollo en las condiciones que los deja, que establece y delimita, la captura de la renta; no pueden hacerlo, pues la valorización no es retención de renta, es precisamente eso, valorización, incremento de valor, que no puede efectuarse sino por intermedio de la inversión productiva. Las nacionalizaciones no son condición suficiente como para convertirse en las condiciones de posibilidad de la valorización, se requiere introducir la transformación de las materias para que se dé la valorización. Aunque sabemos, que la valorización no se da efectivamente de manera abstracta, como cree la economía burguesa, en todas las versiones de la economía burguesa, pues se sostiene esta cuantificación abstracta en la transformación concreta, material, técnica, de las llamadas materias primas. La valorización abstracta sería imposible sin esta transformación material y técnica de los recursos naturales. También se puede hablar de la transformación y circulación de la energía. Si no se dan las condiciones de posibilidad histórica de estas transformaciones materiales y técnicas es imposible la valorización abstracta, por más riqueza dineraria que retengan las arcas del Estado.  La confusión de los economistas se expresa patéticamente cuando desesperadamente convocan a los capitales, a la inversión de capitales, construyéndoles paraísos fiscales y legales para garantizar sus inversiones. Otra vez confunden el capital con dinero. El capital no es el dinero acumulado, ni acumulándose, eso es fetichismo del dinero; el capital, efectivamente, es la organización social, técnica, operativa, orientada a producir, es decir, a transformar materialmente los recursos, las materias primas.  Hablando en sentido estricto, y en esto tenía razón Marx, el capitalismo específico es industrial; este es el lugar donde se produce la valorización, tal como la contabiliza la economía. Lo comercial y financiero retienen especulativamente parte de esta valorización. La pregunta difícil de responder es: ¿Antes de la revolución industrial, qué había, si no era capitalismo, en sentido estricto? [1]

Como dijimos y como se puede ver, la parte maldita corresponde al excedente. Para decirlo de una manera adecuada, el excedente es excedente de energía, primordialmente. Este excedente de energía o se lo derrocha, o se lo usa de manera inútil, por ejemplo, en grandes construcciones ceremoniales, o se lo usa en parte de manera útil en la transformación de las condiciones de producción que hemos llamado industrialización. Pero siempre queda un excelente de energía. Una parte de la parte maldita del excedente. Es también parte maldita porque se utiliza para la destrucción, para la guerra, asimismo, para el crimen, en su caso, para la realización de una inclinación cultural, se despliega el erotismo.

A diferencia de la parte maldita como tal, el erotismo es sagrado, pero también tiene que ver con cierta violencia, con la violencia de la disolución del ser, con la violencia que rompe los límites de los discontinuo para dar lugar a una continuidad, es donde se borran las diferencias, las distinciones las limitaciones, para adquirir la tonalidad de la desaparición o de la presencia absoluta de las sensaciones en explosiva intensidad.

El erotismo es sagrado, también se puede decir que lo sagrado es erótico. Tiene que ver con la transgresión, con la transgresión a lo prohibido. El erotismo tiene que ver con la experiencia corporal y la experiencia del sujeto. El humano toma conciencia de sí, a través de la experiencia del erotismo que le exige romper con los límites y la discontinuidad para lograr la continuidad a través del placer. El placer sexual, también el placer de la experiencia sagrada, de la que aparece con la prohibición, pero también con la transgresión de la prohibición. El erotismo desafía la muerte, busca encontrar un más allá de la muerte, el sentido mismo de la continuidad, si se quiere de lo eterno. Lo eterno, no como inmortalidad, sino como intensidad, desbordante que pone en juego y en escena la potencia sensual.

Geoges Bataille dice que podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida en la misma muerte. También dice que aunque la actividad erótica sea antes que nada una exuberancia de la vida, el objeto de esta búsqueda psicológica, independiente de la aspiración reproductiva, no es extraño a la muerte misma. Esta es ciertamente una paradoja, la paradoja entre vida y muerte. La transgresión de la prohibición nos introduce a la experiencia de la continuidad. Esta continuidad tiene que ver con la transgresión de la muerte que es lo sagrado. La experiencia de la muerte, el dar muerte, forma parte de la experiencia erótica, aunque sea como posibilidad. El camino de la muerte aparece como sacrificio.

El abismo es la muerte, es profundo, no hay medio para suprimirlo, lo único que podemos hacer es sentir en común el vértigo del abismo. Debemos recordar que somos seres discontinuos. En cambio, la muerte tiene el sentido de la continuidad del ser. Bataille dice que somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible, pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida. Esa situación o ese requerimiento nos lleva a romper con la individualidad. El más allá de la individualidad que se encuentra en transgresión de lo prohibido, asimismo, transgredir la muerte, transgredir los límites discontinuos de los individuos. Todas estas transgresiones llevan al erotismo.

Batallille diferencia tres erotismos, el erotismo de los cuerpos, el erotismo de los corazones y el erotismo sagrado. Hay que anotar, sin embargo, que todo erotismo es sagrado, aunque los cuerpos y los corazones no son, de manera inmediata, experiencia sagradas. Por otra parte, dice que el terreno del erotismo es esencialmente el terreno de la violencia, de la violación. Sin una violencia del ser constituido, constituido como tal en la discontinuidad, no podemos representarnos el pasaje de un estado hasta otro, de la condición de discontinuidad a la condición de continuidad, que es esencialmente distinta. Hay que anotar que toda operación del erotismo tiene como fin alcanzar al ser en lo íntimo hasta el punto del desfallecimiento. Dicho de otro modo, el paso del estado normal al estado del deseo erótico supone una disolución relativa del ser, tal como está constituido en el orden de la discontinuidad. Georges Bataille también dice que toda la operación erótica tiene como principio la destrucción de la estructura del ser cerrado, que es en su estado normal, cada uno de los participantes del juego erótico. Los cuerpos se abren a la continuidad por esos conductos secretos que nos dan un sentimiento de obscenidad. La obscenidad significa perturbación que altera el estado de los cuerpos que se supone conforme con la posesión de sí mismos, con la posesión del individuo, con el acceso a la realidad, firme y duradera.

Hay en el paso de la actitud normal a la manifestación del deseo una fascinación fundamental por la muerte. Lo que está siempre en juego en el erotismo es una disolución de las formas constituidas.

Los amantes desenvuelven el erotismo del amor. El amado es para el amante la transparencia del mundo. Los amantes encuentran la continuidad de la entrega en la disolución de cada quien en el amor intenso, que lleva a la disolución de los amantes entregándose el amor total. Para Bataille hay otra variante en el erotismo del corazón que es lo erotismo divino. En el amor a Dios.

El erotismo sagrado corresponde al sacrificio, en el sacrificio hay desnudamiento y se va más allá del desnudamiento, se da muerte a la víctima. La experiencia del sacrificio trastoca la continuidad del ser, que quiere la decir la disolución del ser en el sacrificio. La muerte ceremonial abre el camino de la continuidad y de la disolución. Los sagrado se diferencia de los pagano porque lo sagrado es prohibido. [2]

El modo de producción capitalista, el sistema-mundo capitalista, la sociedad del consumo compulsivo y banal ha convertido a los seres en cosas, en objetos inanimados, sin vida, utilizables para el consumo o la destrucción. Esta destrucción o disolución obviamente no es erótica, es, más bien obscena, pornográfica. Esto ocurre con el placer sexual, se renuncia al placer y se opta por el goce inmediato, banal, que, en contraste, incrementa la insatisfacción.

La cosificación también implica la pérdida de lo sagrado, la desaparición de lo sagrado, que, en todo caso corresponde a la búsqueda de la continuidad, de la transgresión de los límites, de la finitud de lo acotado, de la mortalidad del individuo. La cosificación corresponde a la glorificación de lo trivial, a la apología de lo acotado, a la exaltación de los límites pedestres. No hay misterio, sino transparencia, por así decirlo, del mal, también la banalidad del mal, como lo enuncio Hannah Arendt. La cosificación lleva a la proliferación hegemónica de lo vulgar, corresponde a la vulgarización de las relaciones sociales, entre ellas de las relaciones sexuales y de las relaciones amorosas. Ha desaparecido el sexo para convertirse en violencia pura, quizás absoluta, la violación desnuda y descarada totalitaria. Desaparece la seducción para optar por la imposición depravada, que es una manera y variante de las formas de esclavización de los cuerpos.

En la modernidad tardía no solamente se ha dado la crisis ideológica, la crisis de legitimación, sino también la crisis existencial demoledora de lo humano, cuando la existencia misma se convierte en fútil. El nihilismo extremo de la sociedad globalizada, en el sistema mundo cultural de la trivialización, ha pulverizado la existencia misma. La pulverización de la existencia, su destrucción mayúscula, hace desaparecer todo sentido. Con lo que la violencia demoledora y desbocada se refuerza, se desata más aún, enloquece, por así decirlo. Entonces, cierta élite bizarra, que domina el mundo, no solamente se siente impune, que puede hacer lo que le venga en gana, sin esperar consecuencias. Que siente que todo le está permitido, que los crímenes, las violaciones a niñas, incluso el canibalismo, no son crímenes cuando los perpetra la élite bizarra.

En estas condiciones, de la clausura de la civilización de la muerte, la parte maldita, el excedente, por cierto fabuloso, no ocasiona solamente su uso inútil, el gasto absurdo, la destrucción, como en la guerra y el genocidio, sino se ha llegado al extremo nihilista del suicidio humano. Los jinetes del apocalipsis han decidido exterminan a la humanidad, además de exterminarse a sí mismos al hacerlo. Se trata también del colmo del hastío, del aburrimiento sin límites, en un sistema mundo de la aculturación generalizada. Ya no se trata solamente de colmar las vacuidades, de buscar desesperadamente de llenar los vacíos inconmensurables, sino de aniquilarse en el aniquilamiento mismo que perpetra la élite bizarra.

Las contradicciones de la hiperburquesía que domina el mundo no solamente son irresolubles, sino que son parte de la magnífica implosión de una civilización que no ha comprendido el sentido inmanente de la vida. Que ha dejado de preguntarse sobre el sentido del mundo, sobre el sentido de la presencia humana en el planeta y el universo, que ha optado, más bien, por darse respuestas apresuradas, sin preguntarse. Las respuestas se basan en las pretensiones de verdad de una élite hedonísta, sado-mazoquista, megalómana, nihilista en extremo, que cree que porque controla la acumulación ampliada de capital ha resuelto todos los problemas existenciales, todas las preguntas filosóficas, con el solo hecho de su banal presencia dominante en un mundo de proliferantes víctimas. Sin embargo, lo que no saben es que no controlan nada, salvo por ilusión, son engranajes de una fabulosa maquinaria de destrucción capitalista, que los tiene como dispositivos e instrumentos circunstanciales en la marcha demoledora de la muerte del planeta. No dejan de ser hombres insípidos, sin atributos, sin horizontes, no dejan de estar demás en un mundo que agoniza.


  1. Raúl Prada Alcoreza: La parte maldita. OIKOLOGÍAS. La Paz 2014.
  2. Georges Bataille: El erotismo. Tusquets Editores. Barcelona 2020.