LA VIOLENCIA CONCENTRADA Y EXPANDIDA DE LA MONSTRUOSA MÁQUINA BÉLICA

En busca de una hipótesis interpretativa de lo que acontece, respecto a los últimos despliegues militares de la híperpotencia hipertrofiada en decadencia, sugerimos concebir una perspectiva genealógica del aparato militar del complejo militar, tecnológico, económico y político de la híperpotencia hipertrofia. Esto implica considerar la historia del aparato militar, la genealogía de la máquina militar que ha ido transformándose a lo largo de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Podemos decir que este aparato militar nace en plena guerra anticolonial contra el imperio británico. Desde entonces, hasta el logro de la independencia, se puede decir que se tiene una etapa preliminar de formación del ejército. Desde la independencia hasta la guerra civil estadounidense norteamericana, entre el Norte y el Sur, se tiene aparatos de guerra enfrentados, sin embargo, no hay que olvidar que el ejército es usado en la guerra de exterminio contra las naciones y pueblos indígenas de Norteamérica. En pocas palabras, se trata de un ejército que tiene inherente la expansión, se trata de una República que tiene implícito el imperialismo. Como dijimos, tiene como antecedente el genocidio de las naciones y pueblos indígenas. Por otra parte, dada las contradicciones entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos de Norteamérica, se tiene la formación de un aparato de guerra de una máquina militar, atravesada por contradicciones inherentes a la propia República. Una Constitución liberal que, sin embargo, es usada y aplicada de manera mañosa por los grupos de poder y la burguesía dominante, también, en ese entonces, en formación, que busca asimismo, en principio, la expansión hacia el Oeste.

De la culminación de la guerra civil y su desenlace, teniendo en cuenta la victoria del Norte contra el Sur, se tiene un ejército unificado, un aparato militar, una máquina bélica, que va ir creciendo, expandiéndose, volviéndose un complejo tecnológico y militar. En ese transcurso, las incursiones del ejército estadounidense norteamericano en Cuba, con la excusa de una supuesta participación en la liberación de la isla del colonialismo español, que todavía persistía en la isla, además de la intervención en Filipinas, que no se encuentra en el continente americano, sino más bien en el continente de Asia, que era colonia española, la que fue apropiada por un ejército expansionista estadounidense.

Estos son algunos de los episodios, entre otros muchos, perpetrados por un ejército que comienza su experiencia imperialista, que experimenta su propia modernización hasta la Primera Guerra Mundial, cuando incursiona en un conflicto europeo de gran escala. 

Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense norteamericano se transforma rápidamente, no solamente modernizándose, sino incorporando los avances tecnológicos, la aplicación tecnológica a la guerra, cada vez más avanzada. Al respecto un hito de este cambio corresponde a la construcción de la bomba atómica. Cuando se arrojan las dos bombas atómicas sobre ciudades seleccionadas de Japón, no solamente para causar terror, desmoralizar al ejército nipón, sino probar el alcance de esta arma de destrucción masiva, experimentando con la población. Desde aquí en adelante, estamos hablando de una superpotencia que comparte el dominio geopolítico del mundo con la otra superpotencia, que es la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En esta etapa, se trata de la construcción rápida y disuasiva del arsenal nuclear. Además de embarcarse los Estados Unidos de Norteamérica en una competencia espacial. Cuyo hito sugerente es marcado por el descenso sobre la luna de los astronautas estadounidenses norteamericanos Neil Armstrong y Buzz Adrin, quedando Michael Colins como piloto del módulo al mando, en 1969. También la Unión Soviética había conseguido, desde un principio de la carrera espacial, avances importantísimos en la incursión cósmica. La unión Soviética fue pionera en la incursión espacial; el primer satélite Sputnik, en 1957, con un primer ser vivo, la perra Laika; el primer humano en el espacio fue Yuri Gagarin, en 1967; la primera mujer en el espacio fue Valentina Tereshkova, en 1963. La URSS también se embarcó en la construcción de armas destrucción masiva nucleares, cada vez más demoledoras.

Ésta es una etapa vertiginosa que adquiere sus propios decursos, casi independientes, en un contexto complejo e integral de dinámicas asociadas, en el recorrido hacia la búsqueda de un pleno control de lo que ocurre. El etapa cuando se dan más intervenciones militares de los Estados Unidos de América en el resto del mundo. John W. Dower llama El violento siglo americano, título del libro, subtitulado como Guerras e intervenciones desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. [1]

La última etapa de este complejo tecnológico militar, económico y comunicacional se da cuando implosiona la Unión de República Socialista Soviéticas; queda la superpotencia solitaria, con un arsenal descomunal de armas de destrucción masiva, flotas de acorazados y portaaviones, la aviación militar más equipada, aunque más cara de todos los ejércitos del mundo. Este complejo militar termina navegando y desplazándose, de manera solitaria, en océanos y continentes, sin enemigos que se le opongan. Con lo que el arsenal y el complejo militar quedan de por sí obsoletos e inútiles ante el nuevo contexto geopolítico mundial.

Sin embargo, después de la caída de la Unión Soviética, después de la desaparición del enemigo principal, el comunismo, se propone una cuarta generación de la guerra, que consiste, en parte, en una guerra de baja intensidad múltiple, donde aparece, de manera borrosa un enemigo indeterminado, que es calificado, eufemísticamente, como terrorista. Si no está el terrorista de todo visible, entonces hay que inventarlo.

Lo que ocurre el 11 de septiembre de 2001 es un evento insólito, cuando se entraban en el suceso, en su composición y desenlace, tanto servicios de inteligencia y servicios secretos, además de conspiraciones fundamentalistas. Después de este suceso, se lanza algo parecido a lo que se puede llamar la guerra interminable contra el terrorismo, denominada por George W. Busch la guerra contra el terrorismo.

No solamente las dos guerras del golfo, la destrucción de Irak, la destrucción de Libia, antes del Líbano, las incursiones en el Medio Oriente, la destrucción de Siria, son parte de hechos que caracterizan los desplazamientos de un complejo militar que se mueve monstruosamente y de manera solitaria, en un mundo al que tiene como materia y objeto de poder, que considera amenazante. Sino también hay que citar la guerra, renovada y actualizada de los Balcanes, cuando se destruye Yugoeslavia. 

En el transcurso de esta etapa, desde la caída de la URSS y los Estados socialistas de la Europa oriental, la Federación de Rusia se reorganiza y se rearma, preservando su arsenal gigantesco y descomunal de armas de destrucción masiva nucleares. Sobre todo, en este transcurso emerge otro complejo tecnológico militar, económico, cibernético y comunicacional, que es la República Popular de China. En otras palabras, asistimos a emergencia de los BRICS, de las llamadas potencias emergentes, que terminan cambiando el panorama geopolítico internacional. Situando a China como la principal potencia económica, la fábrica del mundo, como un complejo tecnológico militar, económico, cibernético y comunicacional indiscutible, que compite con el otro complejo tecnológico militar, económico, cibernético y comunicacional, de la híperpotencia hipertrofiada en decadencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

Es en este contexto cuando se evidencia la crisis del dólar, la crisis del patrón dólar, en el contexto de la crisis de la híperpotencia, la que se desindustrializa, que experimenta los efectos nocivos de su propia hipertrofia, en plena descomposiciones internas del Estado Federal, de la República y de la sociedad. Instituciones que termina perdiéndose en su propio laberinto.

Recientemente, la incursión militar en el Caribe, bombardeando pesqueros, amenazando el mar, bloqueando prácticamente el Caribe, además de la recientísima incursión punitiva, de bombardeos y de rapto del presidente y su esposa de la República Bolivariana de Venezuela, nos muestra patentemente a una máquina monstruosa demoledora, que se mueve de una manera incongruente, anacrónica, exagerada y exacerbada. Todo esto lo hace supuestamente con precisión. Estamos ante una híperpotencia hipertrofia en decadencia, perdida en un universo sin sentido. Al respecto hay que hacer remenbraza de la frase que enuncia de que el ser es la herida abierta en el universo de la nada. Una frase poética atribuida a Paul Valéry y a Jean Paul Sartre, replanteada por George Bataille.

Volviendo al mundo prosaico y pedestre, se dice, por parte de los voceros del gobierno norteamericano, que se trata de una lucha contra el narcotráfico, sin embargo, es en Estados Unidos de Norteamérica donde se encuentran los mayores cárteles de la distribución de la droga y los estupefacientes. Estados Unidos de Norteamérica es el lugar donde se transfiere gran parte del excedente del narcotráfico y de los estupefacientes. Lo que hace la DEA y los aparatos de interdicción contra el narcotráfico, es contener, controlar y desviar los recorridos del narcotráfico en beneficio de una economía, que se muestra cada vez más descompaginada que nunca, sobre todo recientemente. Aparece, ya es inocultable, su lado oscuro. Anticipadamente a la incursión rauda en Venezuela, el presidente norteamericano, delirante y bizarro, libera a un padrino importante del narcotráfico centroamericano que se jactaba de haber introducido a los Estados Unidos 400 toneladas de cocaína, Juan Orlando Hernández. ¿Qué lucha contra el narcotráfico, puede haber aquí? Es evidente que la guerra contra el narcotráfico es una excusa para una guerra o para la continuación de la guerra, sin objetivos claros, ni perspectiva. La excusa para una guerra intermitente, que forma parte del metabolismo de una máquina militar descontrolada. Ahora en manos de hombres bizarros, que emiten discursos decimonónicos, racistas, exclavistas, clasista, machistas y xenófobos.

A tres años de la primera década del siglo XXI, el presidente del Estado Mayor conjunto declaró ante un comité del Senado, que el mundo es más peligroso que nunca. John E. Dower dice que, sin embargo, las estadísticas cuentan una historia diferente, la de que la guerra y los conflictos letales han disminuido de manera constante. ¿Por qué se da esa declaración del presidente del Estado Mayor conjunto? Porque necesitan que el mundo sea más peligroso que nunca, pues se tiene que justificar la presencia insólita e inaudita de una potencia hipertrofiada, solitaria, navegando con su arsenal nuclear, sus acorasados, usando sus portaviones por los océanos del mundo como bases militares flotantes, además de contar con cientos de bases militares terrestres por todos los continentes.

Incluso académicos respaldan esta opinión. En el libro de Steven Pinker, psicólogo de Harvard, titulado Los Ángeles que llevamos dentro; el declive de la violencia y sus implicaciones, habla de una larga paz para referirse al periodo de la guerra frida fría, de 1945 a 1990. Además de hablar de la nueva paz, que corresponde a los años posteriores a la guerra fría hasta el presente. En este sentido, corrobora el psicólogo de que podemos estar viviendo en la era más pacífica de la existencia de nuestro continente. Sin embargo, esta apreciación es de todas maneras contrastada. Porque sólo tiene en cuenta a las grandes potencias, no al resto del mundo. Contrastan notoriamente con esta opinión del psicólogo los acontecimientos de la guerra de Corea y la guerra del Vietnam, guerra que se extendió hasta Camboya. Además, no se tiene en cuenta a las muertes debido a los efectos de la radiación, después del bombardeo nuclear en Hiroshima y Nagasaki. Con lo que podemos decir que la violencia no ha desaparecido, sino ha adquirido distintas formas en distintos contextos, en distintos momentos de lo que se viene llamar el contexto geopolítico mundial.

Por otra parte, se olvidan las catástrofes humanitarias. La oficina del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas informó, a mediados de 2015, que el número de de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo, como resultado de la persecución, el conflicto, la violencia generalizada o las violencia contra los derechos humanos había superado las cifras de 60 millones de víctimas. Esto equivale a un nivel más alto que el registrado desde la Segunda Guerra Mundial y la posguerra inmediata.

Al respecto John E. Dower escribe:

“En 1996, la Naciones Unidas estimaba que en el mundo había 37,3 millones de individuos desplazados por la fuerza. Veinte años después, a finales del 2015, esta cifra había alcanzado 65,3 millones, un75% de incremento respecto de las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial a la que la bibliografía que define el descenso de la violencia se refiere como la nueva paz.” [2]

Por otra parte, hay que tener en cuenta el TEP, los traumas de la guerra por estrés que perduraron. Afectaron a las víctimas involucradas en prolongados tiempos de posguerra. El trastorno por estrés postraumático, fue tomado antes como una cuestión de salud mental, sin embargo, el 2008, un estudio a gran escala sobre 1,640,000 soldados, desplegados en Afganistán e Irak. entre octubre del 2001 y octubre del 2007, llegó a la confirmación de qué aproximadamente 300,000 individuos sufren de un TEP o, en su caso, de una depresión profunda, que afecta a otros 320,000 soldados, que padecieron la lesión cerebral traumática LCT. 

Hay que tener en cuenta también las cifras arrojadas, por lo que se vienen llamar atentados terroristas. Desde el 2000 al 2014, de acuerdo a informes de Global Terrorism Index, se han registrado más veces 61,000 actos terroristas, que han causado más de 140,000 muertes, de acuerdo al autor de El violento siglo americano. Otra tabla minuciosamente detallada es la que corresponde al número de bombardeos suicidas, dados desde el 2000 al 2015; se trata de 4,787 ataques cometidos en más de 40 países, con un saldo de 47,274 muertes.

A propósito John E. Dower escribe:

El autor se hace una pregunta: ¿Por qué Estados Unidos reacciona convirtiéndose en un Estado de Seguridad Nacional, cada vez más militarizado, hermético, irresponsable e intervencionista? Es realmente posible un mosaico de adversarios no estatales, que no tienen una gran capacidad armamentística, ni siguen las reglas de combate tradicionales – como en 2013 declaro el presidente del Estado Mayor conjunto – haya hecho que el mundo sea más amenazador que nunca?

John W. Dower se responde:

“Para quienes no crean que este sea el caso, las posibles explicaciones de la aceleración de la militarización en Estados Unidos proceden de varias direcciones. La paranoia puede estar inscrita en el ADN de los estadounidenses o en el de la especie humana. O quizás simplemente la histeria anticomunista de la guerra fría ha experimentado una metástasis, convirtiéndose en un miedo patológico al terrorismo después del 11 de septiembre. (Los estrategas del ejército y los intelectuales de la defensa, desconcertados por el caos multipolar del mundo, posterior a la Segunda Guerra Mundial, a menudo hablan, casi con nostalgia, de los claros desafíos de un mundo en el que el juego se llamaba bipolaridad). Ciertamente entra en escena el alarmismo maquiavélico, auspiciado por funcionarios civiles y los militares conservadores y neoconservadores del estado de seguridad nacional, junto a los consabidos políticos, oportunistas y a los beneficiarios de la guerra. Previsiblemente, los críticos culturales también apuntarán a la adicción al sensacionalismo y las catástrofes de los medios de comunicación de masas, ahora intensificada por la proliferación de los medios sociales digitales.” [4]

Hay que tener en cuenta que hay una carga psicológica de ser superpotencia. Desde la década de los 90, la única superpotencia. Si bien, hay esta imagen pretendida, sin embargo, es contrastada por la realidad efectiva. Estados Unidos de Norteamérica no ha conseguido asegurar la victoria en la guerra real. A pesar de algunas excepciones, como en Granada, Panamá, la breve guerra del golfo en 1991 y los Balcanes, excepciones que terminan confirmando la regla. El ejército estadounidense no ha saboreado la victoria desde la Segunda Guerra Mundial, siendo Corea, Vietnam y los recientes conflictos actuales, conflictos en el Medio Oriente, son los ejemplos notables de su fracaso. De todas maneras, debido a una suerte de ilusión, estas derrotas no han hecho mella en la soberbia inherente a los status de la superpotencia.

Podemos decir que la concepción bélica tradicional estadounidense norteamericana se circunscribe en las tres Ds, derrotar, destruir y devastar. Desde 1996, la misión declarada del pentágono es mantener un dominio de espectro completo, en todos los ámbitos, tierra, mar, aire, espacio e información; en la práctica en todas las partes del mundo accesible. [5]

Al respecto, el Mando de Ataque Global de la Fuerza Aérea, responsable de gestionar 2/3 del arsenal nuclear, ha hecho pública su disposición para el ataque global a cualquier blanco, en cualquier momento. Durante el año 2015 el Departamento de Defensa admitió disponer de 4,855 ubicaciones, que comprenden bases de distinta importancia, que consisten desde inmensas comunidades autosuficientes hasta pequeñas instalaciones, 587 de las cuales están situados en ultramar en 42 países extranjeros. Empero, recurriendo a otros recuento, no oficial, el número de bases e instalaciones que el pentágono mantiene en el extranjero ronda las 800, situadas hasta en 80 países. Sumando a este panorama, se puede decir que durante el 2015 las fuerzas de operaciones especiales fueron desplegados en unos 150 países. Washington proporciona armamento y fuerza de seguridad en un número de países aún mayor.

La mayoría de las instalaciones militares están situadas en Alemania, 181, en Japón, 122 y Corea del Sur, 83. El despliegue de las fuerzas de operaciones especiales y las operaciones encubiertas de la CIA también es un legado de la guerra fría, que no hizo más que aumentar tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.

Otro recuento estadístico, ilustrativo es el que se refiere al gasto, es decir, al costo de todo esta estructura y despliegue militar, magnitud del precio por mantener un aparato militar demoledor. La previsión de costo, sólo para la agenda de la modernización nuclear, a 30 años, supera los 90 millones de dólares diarios, lo que equivale aproximadamente a 4 millones por hora. La cifra de 1 billón de dólares estipulada para mantener el estatus de la nación más poderosa de la tierra, durante sólo un año, asciende aproximadamente a los 2,740 millones por día, lo que supone más de 114 millones de dólares por hora. Pregunta: ¿Cómo se mantiene esta monstruosidad bélica?

A costa del país, el de la híperpotencia, que tiene que pagar altos impuestos, que tiene que soportar la privatización generalizada, la condición privada de la salud y de la educación, además de arrojar a la calle a una cantidad enorme de pobres, que algunos suponen que llega hasta los 40 millones de personas.

Una segunda hipótesis interpretativa que lanzamos es la siguiente:

Una máquina militar demoledora, como es el complejo militar, tecnológico, económico, cibernético y comunicación de los Estados Unidos de Norteamérica, adquiere, por su propio peso, su propia autonomía de funcionamiento, independientemente de las dinámicas democráticas de la República en cuestión. Las estructuras de este inmenso aparato militar, sumándose los servicios secretos y los servicios de inteligencia, además de otros estratos burocráticos colindantes, terminan funcionando con su propia lógica inherente a la composición de estas estructuras bélicas. Alguna vez nos preguntamos: ¿Quién gobierna Estados Unidos de Norteamérica? Diremos que en parte gobierna, de manera implícita, esa tendencia, este impulso bélico amenazante; lo hace contra el mundo, con el membrete de Defensa de Seguridad Nacional. Aparte de lo que ya sabemos, que gobierna una híperburguesía, que tiene sometido al pueblo estadounidense norteamericano.

Lo que nos interesa es la primera parte de de la hipótesis, pues explica el comportamiento sinuoso de los servicios de inteligencia y de los servicios secretos, que se inventan guerras y entregan informes alarmantes y sesgados, con el objeto de incidir en la toma de decisiones políticas.

Un aparato militar demoledor, construido para la guerra, sobre todo, para una guerra mundial, una vez puesto en marcha, no pude parar. Busca lograr sus objetivos implícitos, aunque sea ciegamente, con una obsesión inaudita. Es este aparato militar demoledor el que va a buscar la guerra, aunque no exista en el contexto la posibilidad de darse. Una tercera guerra mundial con características de guerra nuclear es imposible, pues, en este caso, todos resultarían perdedores. De todas maneras, jugando con fuego y con la muerte, se tiende al límite. El aparato demoledor bélico no pude parar porque tiene implícito en su estructura subyacente el impulso a la guerra. Lo más peligroso que tiene el mundo, incluso la propia sociedad estadounidense norteamericana, es esta monstruosidad bélica, que arrastra al pueblo estadounidense norteamericano y al mundo indefectiblemente a una guerra mundial. Ya lo hace, de manera intermitente, en guerras locales o regionales. Ahora, recientemente, se enfrasca en guerras regionales contra el subcontinente latinoamericano y del Caribe.

En el Capítulo cinco. Guerras por sustitución y terror vicario del libro mencionado.John E. Dower escribe:

“La larga y en general vergonzosa historia de las intervenciones abiertas y encubiertas de Estados Unidos en Sudamérica y en América Central se remonta al siglo XX. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta incursiones, habitualmente emprendidas para defender intereses comerciales estadounidenses, llegaron a implicar prolongadas ocupaciones militares en Nicaragua (1912-1933) y Haití (1915-1934). Durante la guerra fría, las intervenciones fueron más clandestinas, aunque igualmente inexorables. John Coatsworth, un eminente estudioso de la historia económica e internacional latinoamericana, calcula que entre 1948 y 1990 el gobierno estadounidense ‘procuró el derrocamiento de al menos veinticuatro gobiernos en Latinoamérica: cuatro empleando directamente fuerzas militares, tres mediante revueltas o asesinatos orquestados por la CIA, y diecisiete instigando a los ejércitos y las fuerzas políticas locales a que interviniesen sin la participación directa de Estados Unidos, normalmente mediante coups d’état militares’.” [6]

Al respecto, entre las intervenciones militares de la posguerra, tenemos al derrocamiento de gobiernos democráticamente elegidos en Guatemala, 1954, Brasil, 1964 y Chile 1973. De todas maneras, lo que llama la atención a los estadounidenses es el hecho de que Washington era incapaz de manipular a la revolución cubana, que depuso al dictador, Fulgencio Batista, en los primeros días de 1959. Después de la crisis de los misiles en 1962, Washington se propuso impedir otra Cuba en América Latina y el Caribe.

En 1963 John F. Kennedy encargó a una institución militar, la Escuela de las Américas, fundada 1946, radicada en ese entonces en Panamá, que entrenase a los oficiales militares y a la policía de América Central y de América del Sur, para realizar labores de contrainteligencia y contra-insurgencia. Por otra parte, tomar partido en la guerra sucia fue algo habitual en los conflictos periféricos y por sustitución, que entablaron Estados Unidos y la Unión Soviética en todo el mundo. Volvemos a encontrar la guerra sucia en la llamada Operación Cóndor, una operación transnacional ultra-secreta de terror, instigada y en colaboración entre Estados de Sudamérica. La Operación Cóndor contó con la ayuda encubierta estadounidense del primer tipo. La Operación Cóndor se inició a finales de la década de los 60 y se consolidó en 1975. La Operación Cóndor implicó la colaboración de la inteligencia transfronteriza, así como detenciones, secuestro, entregas, interrogatorios, torturas, asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, llevadas a cabo por los regímenes dictatoriales en países del cono sur, como Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia, a los que posteriormente se sumaron Ecuador y Perú.

En la descripción de este panorama violento, de esta mapa de inclinación a la guerra, donde se sitúa en el centro la máquina de guerra demoledora, hay que hacer referencia también las prácticas de contraespionaje y las prácticas de tortura, aprobadas y difundidas en un manual que se denominó KUBARK, de contra inteligencia e interrogación. 

Al respecto John W. Dower dice:

“Tanto el KUBARK como su edición actualizada, titulada Human Resource Exploitation Training Manual, contienen largos capítulos dedicados a las técnicas de contraespionaje, no coercitivas y coercitivas. El texto de 1963 resume así, de manera sucinta, los temas más abordados en esta última categoría de este modo: Arresto de tensión, privación de estímulos sensoriales mediante el confinamiento en seguridad o métodos similares, amenazas, temores, debilidad, dolor, exacerbar la sugestión y la hipnosis narcosis (empleo de fármacos), y regresiones inducidas.” [7]

Una tercera hipótesis se refiere a la irradiación de la violencia. La violencia vinculada al monstruo, al aparato bélico, no se circunscribe solamente en el aparato mismo, en sus estructuras, en su composición, en su entorno y colateralidad, sino, sobretodo, en las ondas que irradia. La violencia se expande en los entornos de las víctimas, en los lugares, en las regiones, en la sociedad misma, que está traumatizada por la violencia. Además, se produce un plegamiento de la violencia, en términos de destrucción subjetiva. Las prácticas de tortura y otras prácticas de violencia, incluyendo la psicológicas, terminan inhumanizando a las mismas relaciones sociales en las que se mueven estas prácticas y en las que se desenvuelve el aparato demoledor bélico.

Se habla de Nuevo Orden Mundial, por lo menos refiriéndose a tres momentos distintos del desplazamiento de la dominación mundial. Primero, fin de la Segunda Guerra Mundial e imposición de un orden por parte de las potencias vencedoras de esta guerra; segundo, fin de la Guerra Fría, desaparición de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia, contando con la presencia solitaria de la híperpotencia hipertrofiada de los Estados Unidos de Norteamérica; tercero, teniendo en cuenta la emergencia de los BRICS, la irrupción de las llamadas potencias emergentes, sobre todo de la nueva híperpotencia de la República Popular de China. Es en esta tercera referencia donde se cuestiona el dominio absoluto de los Estados Unidos de Norteamérica, que se encuentra notoriamente en plena clausura de su dominio, que nunca fue del todo mundial, manifestando claros síntomas de una decadencia interna. Si podemos hablar de un cuarto momento, tendríamos que hablar del momento presente, de la coyuntura de la crisis múltiple del sistema mundo capitalista. Coyuntura que se caracteriza por desplazamientos desesperados de la híperpotencia hipertrofia en decadencia, buscando retornar a una supuesta época de oro de su dominación. Se trata de un despliegue altamente agresivo, utilizando el monstruoso aparato bélico que tiene a mano, la distribución expansiva de las bases militares, además de lo que se puede llamar las bases militares flotantes, que son los portaviones, acompañados por acorazados y submarinos. El momento presente también se caracteriza por la reiterada guerra en el Medio Oriente, concretamente por la guerra Israelí-Palestina. Guerra que ha remontado niveles escalofriantes de violencia, perpetrando con toda evidencia un genocidio sistemático contra el pueblo palestino, sobre todo en Gaza. Genocidio apoyado por la híperpotencia hipertrofiada y por las potencias europeas, hace un buen tiempo, replegadas, bajo el cobijo de la híperpotencia que ahora las desecha.

Dicho esto, queda claro que no se puede hablar de un Orden Mundial, tampoco de un Nuevo Orden Mundial, como si éste fuera estable y se hubiera mantenido incolumne desde el desenlace de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, hasta la coyuntura actual. En ese sentido podemos decir que el Nuevo Orden Mundial es lo que es, un objetivo; es lo que se ha buscado como finalidad primordial geopolítica de la dominación global, centrada en el complejo militar, tecnológico, científico, cibernético y comunicacional de los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, esta pretensión siempre ha sido cuestionada. Primero, por el orden bipolar de las dos superpotencias, los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Soviética. Segundo, por la emergencia de los BRICS, sobre todo de la híperpotencia de la República Popular de China. Tercero, de manera paradójica, es cuestionado por la propia implosión de la híperpotencia hipertrofiada y en decadencia. La escalada de los niveles de agresión, de violencia desatada, de incursiones punitivas descarnadas, acompañada por un lenguaje soez, craso, de extrema violencia verbal y de elocuente discurso gansteril sin tapujos, no hace otra cosa que corroborar lo que decimos. Se trata de los síntomas de la implosión de la híperpotencia en cuestión.

John W. Dower se refiere a este desplazamiento del Nuevo Orden Mundial, que tiene que ver con la soledad de la híperpotencia. El autor mencionado escribe:

”En la práctica, las intervenciones al viejo estilo, siguieron a buen ritmo, mano a mano con las nuevas tecnologías punteras. Según un cálculo académico, Estados Unidos se implicó en 263 operaciones militares, grandes y pequeñas, durante las cuatro décadas y media transcurridas entre la Segunda Guerra Mundial y 2002, de las cuales un tercio tuvieron un lugar antes de 1991. Las 176 acciones restantes – a menudo conjuntamente con Naciones Unidas y/o la OTAN, y normalmente emprendidas a nombre de preservar la paz – se produjeron durante los doce años entre 1991 y 2002. Algunos de estas intervenciones fueron espectaculares y, como siempre sucede, no todas dejaron un poso de buena voluntad hacia Estados Unidos o sus asociados. Como señalaron algunos estudiosos críticos, como Andrew Bacevich, graduado en West Point, veterano del Vietnam, entre 1982 y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, las fuerzas estadounidenses ‘invadieron, ocuparon o bombardearon’ una docena de países del mundo islámico (Irán, Libia, Líbano, Irak, Kuwait, Somalia, Bosnia, Arabia Saudí, Afganistán, Sudán, Kosovo y Yemen).»


«El corolario de estas operaciones y en el extranjero fue una red global de instalaciones militares, que el politólogo Chalmers Johnson, antiguo asesor de la CIA, definió acertadamente como el ‘imperio estadounidense de las bases’. Gran parte de este imperio reflejaba el legado de la guerra fría de bases ‘avanzadas’ establecidas en Europa y Asia, tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea, para contener el comunismo, muchas de las cuales se conservaron tras la disolución de la Unión Soviética.” [8]

A propósito, podemos recordar lo que dijo Michel Foucault, en Defender la sociedad, refiriéndose a esa relación entre la política y la guerra, así como también a esa otra relación parecida entre la guerra y la paz. Foucault concebía la política como continuación de la guerra, hablaba de la guerra en la filigrana de la paz. La híperpotencia se excusa con el objetivo de la paz, refiriéndose a sus escaladas de guerra, tanto en el sentido disuasivo de la guerra fría, así como en el sentido activo y desencadenado y manifiesto en las centenares de intervenciones dadas, local y regionalmente. En este caso, tendríamos que hablar de la política como una constante de la guerra y de la paz como una excusa para hacer la guerra.

La cuarta hipótesis interpretativa que lanzamos es la siguiente: Se ha llamado Nuevo Orden Mundial de las dominaciones a lo que, en realidad nunca se dio, sino que fue un objetivo perseguido, un plan geopolítico, implícito en las estrategias de dominación desplegadas. Es más, no se puede hablar de orden, cuando más bien lo que hay es un desorden, respecto al cual se busca que sea controlado por los aparatos de dominación, tanto económicos, políticos como militares. 

Últimamente se hace hincapié en lo novedoso o insólito de lo que ocurre. Se enuncia, por parte de los medios de comunicación y de los analistas geopolíticos, que lo que está ocurriendo en la coyuntura es algo inaudito o novedoso, por lo menos de una manera descarnada y sin tapujos. En parte es cierto, en lo que respecto a a lo descarnado y sin tapujos, sin embargo, hay que decirlo, lo que está ocurriendo ha ocurrido antes, no solo desde la culminación de la segunda Guerra Mundial, sino incluso antes. Esto se puede constatar en la historia, en la permanente expansión implícita, que se dio lugar desde un principio, en la llamada República liberal y Estado Federal de los Estados Unidos de Norte América. Las trece provincias independizadas de la corona británica se encontraban al borde del Atlántico. Después de la Independencia se expandieron mediante una guerra de exterminio en contra las naciones y por los indígenas. Posteriormente continuó la expansión en contra y acosta del Estado y la nación mexicana. Nunca pararon. Esta compulsión por la expansión, que Antonio Negri denomina la expansión inherente a la República, destinada a ser imperialista desde un principio, no era otra cosa que el impulso a la continuidad expansiva, comenzada durante la conquista colonial y proseguida por todas las repúblicas instauradas en el continente de Abya Yala.


Como vimos las intervenciones imperialistas se desataron a la culminación de la Segunda Guerra Mundial. La guerra de Corea y la guerra del Vietnam son hitos significativos de un panorama de acciones intervencionistas que se desplegaron en pleno desenvolvimiento geopolítico de la postguerra. Una región notoria de intervenciones fue América Latina y el Caribe, otra región ostensible de intervenciones fue el Medio Oriente, una tercera región evidente de intervenciones fue el continente asiático, no quedando al margen de las intervenciones el continente africano.

Que ahora se acuda a la Doctrina Monroe, actualizándola y reforzándola en una proyección más agresiva, es la evidencia explícita de lo que ha venido ocurriendo desde el discurso de despedida del presidente James Monroe, cuando precisamente hace conocer su tesis de «América para los americanos». Sin embargo, no hay que olvidar que la intención y el objetivo de dicha doctrina fue cambiando, de acuerdo a los distintos contextos en los que participa y se involucra de manera diferente la potencia emergente, en aquellos entonces, de los Estados Unidos de Norteamérica. En principio, se trató de evitar la intervención de la potencia europeas, en aquel entonces poderosas, en el continente americano. Esto es ciertamente no ocurrió, pues de todas maneras las potencias europeas intervinieron en el continente. Los franceses en México imponiendo un emperador, Maximiliano I, que terminó fusilado. En realidad la segunda intervención, que corresponde a una invasión militar contra la Segunda República de México, invasión perpetrada por el Segundo Imperio francés de Napoleón III, ocurrida entre el 8 de diciembre de 1861 hasta el 21 de junio de 1867. Los conservadores mexicanos apoyaron la invasión, quienes fueron derrotados por el gobierno liberal de Benito Juárez, durante la guerra civil, que se prolongó por tres años. Este acontecimiento bélico se dio como antecedente en el contexto amplio de la genealogía de la revolución mexicana. Los británicos tomaron las islas Malvinas el 3 de enero de 1833. Fue cuando el Reino Unido ocupó las islas, expulsando por la fuerza a las autoridades y población argentinas. Hay otros ejemplos, pero estos bastan para mostrar que la Doctrina Monroe fue solamente una tesis geopolítica que, en su momento, no pudo aplicarse. La llamada Doctrina Monroe fue re-formulada posteriormente, modificando su contenido semántico y conceptual, por así decirlo. Ya no se trataba de «América para los americanos», sino de América para los estadounidenses norteamericanos. No solamente se busca la hegemonía, sino el dominio del continente, del hemisferio. Recientemente, lo que hace Donald Trump, presidente bizarro, es volver a recurrir a esta doctrina con la enunciación clara del proyecto de intervención a secas, de conquista, y colonización anacrónicas en pleno siglo XXI. Ya no se trata solamente de América para los estadounidenses norteamericanos, que en realidad quiere decir para la híperburguesía norteamericana, que se encuentra en franca decadencia y regresión, sino de que el continente se convierte en materia y objeto del poder imperialista, que tiene que ser reconquistado por la fuerza, despojado y desposeído violentamente, en el despliegue insólito de una nueva piratería atemporal y de un nuevo descarnado colonialismo e imperialismo crepusculares, en plena clausura del ciclo largo del capitalismo vigente.

El 3 de enero de 2026, a eso de las dos de la madrugada, en horario venezolano, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y su esposa fueron raptados por destacamentos especiales estadounidenses norteamericanos, en una operación denominada «Determinación Absoluta». El operativo duró, según se dice, cuarenta minutos. Nicolás Maduro fue capturado y trasladado a Nueva York, junto a su esposa Cilia Flores, para enfrentar cargos ante un tribunal federal de Manhattan, recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Esta es la somera descripción de los hechos, que apareció en los medios de comunicación. Sin embargo, no se dice nada de los entretelones, de lo que ocurrió en bambalinas. Nadie entra como Pedro a su casa si nadie le abre la puerta. ¿Qué ocurrió en realidad?

Es menester, dado el hermetismo y el ocultamiento de la intervención y la desinformación de los medios de comunicación, entre ellos de la BBC, que han prohibido a sus periodistas hablar de secuestro, es menester orientarse a través de aproximaciones. Comenzaremos con el informe cubano, que participaba en la custodia de Maduro.

Elementos de seguridad que debieron fallar para que las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos lograra secuestrar al Presidente Nicolas Maduro. 

Análisis.

La Operación «Resolución Absoluta» es un caso de estudio. Hay que aprender de los errores. El secuestro del Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores en la madrugada del 3 de enero de 2026, bajo la denominada «Operación Resolución Absoluta», no debe interpretarse simplemente como una proeza de las fuerzas especiales estadounidenses. Este evento constituye un caso de estudio sobre el colapso sistémico de una estructura de defensa, inteligencia y contrainteligencia. La operación, que involucró a más de 150 aeronaves y las fuerzas especiales (Delta Force y Night Stalkers), expuso fallos críticos en cuatro pilares fundamentales: la Inteligencia, el Mando y Control, la Defensa Antiaérea y la Seguridad Presidencial. Sin estos fallos no hubiera sido posible la supuesta invulnerabilidad con la que sobrevolaron Caracas.

La premisa de que una operación de tan alto riesgo y complejidad haya resultado en una «ejecución de manual» sin resistencia organizada, solo puede explicarse por una metástasis operativa dentro de la cadena de mando venezolana. Resistencia hubo, 32 combatientes cubanos caídos en el cumplimiento del deber, algunos del Batallón de Honor Presidencial, hablan por si solo; gente buena y valiente que se batió duro. Ya los familiares fueron informados. Más lo que muestran los videos que hemos analizado, no hubo mando, organización y estrategia, era imposible un resultado favorable para las fuerzas defensivas.

Hubo un Fallo Estratégico: La Penetración de la Inteligencia. El primer y más grave fallo ocurrió meses antes del asalto: la pérdida total del control de la información. La cronología del Pentágono revela que la operación fue la culminación de meses de planificación y un exhaustivo trabajo de inteligencia. Innegable es que estaban localizados los sistemas de Defensa Antiaerea venezolanos, los aviones, los helicópteros, no hubo disgregacion de las fuerzas y medios, a pesar de que estaban sobre aviso, no se cumplieron con los principales principios del combate que hubiesen impedido o al menos dificultado el éxito de la operación imperialista.

La precisión con la que la fuerza de asalto llegó al complejo residencial del Presidente Maduro a las 2:01 a.m. hora local es la prueba irrefutable de una penetración humana al más alto nivel. Maduro, consciente de la amenaza, cambiaba diariamente su lugar de pernocta. El hecho de que la Delta Force supiera exactamente dónde encontrarlo en ese momento preciso sugiere una «entrega» o «venta» de información desde su círculo más íntimo. Sin esta premisa, la inserción de tropas por aire en Caracas era una misión casi imposible.

Perfilamiento Total y Fallo de Contrainteligencia. Las agencias de inteligencia estadounidenses (CIA, NSA, NGA) rastrearon los movimientos de Maduro durante meses, incluyendo sus hábitos, viajes, lugares frecuentados e incluso sus mascotas. Este nivel de detalle indica un fallo masivo de la contrainteligencia venezolana para detectar y neutralizar el espionaje electrónico y el seguimiento físico. La incapacidad de identificar y neutralizar a la fuente de inteligencia que permitió este perfilamiento exhaustivo es el error estratégico que condenó la seguridad del Presidente, para ello hay principios inviolables, no están por gusto, la rutina es la enemiga del que está cazando, es cómoda si, pero es mala, los movimientos, lugares, rutas y hasta el horario de cambio de guardia no pueden ser fijos. La movilidad es la peor de las noticias para un operativo que va a secuestrar a un objetivo de alto valor, porque ellos se entrenan en lo inmóvil, incluso si la interceptación se va a realizar a una Caravana, se fija un lugar de emboscada.

El Colapso Operacional. La fase de ejecución se centró en la decapitación del sistema nervioso central de las fuerzas armadas venezolanas, logrando una parálisis de mando y control en los minutos iniciales de la operación. Hubo un fallo de concepto, pues conociendo las posibilidades de los medios de guerra electrónica de los Estados Unidos, contra lo que no se tenía nada con que contrastar, obviamente por la casi nula respuesta, sino tan solo otros medios de comunicación que no fuesen los que a diario se utilizan.

A las 2:00 a.m., el ataque se dirigió simultáneamente a objetivos clave:


•⁠ ⁠Fuerte Tiuna: El complejo militar más importante, sede del Ministerio de la Defensa y el CEOFANB, fue atacado para impedir una respuesta coordinada.
•⁠ ⁠Base Aérea La Carlota: Neutralizada para establecer la superioridad aérea local y eliminar la capacidad de interceptación.
•⁠ ⁠Cerro El Volcán: Un ataque quirúrgico contra este nodo de comunicaciones clave impuso un estado de «niebla informacional» en la jefatura venezolana.
Es prácticamente inconcebible, que no se tuviesen lugares alternos a los objetivos atacados desde donde se pudiese contrarrestar, que los medios aéreos estuviesen a tiro en vez de disgregados y soterrados, que las comunicaciones solo estuviesen establecidas mediante radiocomunicaciones.

La operación se apoyó en activos de Guerra Electrónica (EW), como los EA-18G Growlers, y en la capacidad de CyberCom para crear un corredor aéreo seguro. La afirmación del General Dan Rising Kane de que la operación creó un «cortocircuito gigante en el centro de Caracas manteniendo el elemento de sorpresa táctica» (algo verificado en varios videos) subraya que la capacidad de mando y comunicación de Venezuela fue anulada antes de que se pudiera emitir una orden de contraataque coherente.

Inacción Táctica: El Fracaso de la Defensa Aeroespacial Integral. Este es el fallo más crítico desde la perspectiva de la defensa militar de la soberanía. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no combatió al agresor.

La Inacción:

La incursión aérea involucró a más de 150 aeronaves, incluyendo cazas F-35 y F-22, bombarderos B-1 y una docena de helicópteros del 160th SOAR volando a baja altitud (100 pies). La respuesta venezolana en este aspecto prácticamente fue nula.

•⁠ ⁠Neutralización en Tierra: Los reportes indican que los cazas Su-30MK2, el principal vector de superioridad aérea, fueron destruidos en tierra
•⁠ ⁠Fallo Doctrinal: En una fuerza aérea mínimamente operativa, ante una amenaza creíble, los cazas deben entrar en alerta inmediata y despegar para interceptar. Que no hayan despegado implica: o una orden directa de inacción (traición) o una parálisis total del mando y control que impidió la ejecución de la misión fundamental.

Factor Tecnológico: El uso de helicópteros MH-60M Black Hawk (DAP) equipados con el radar de seguimiento del terreno AN/APQ-187 Silent Knight permitió a los «Night Stalkers» volar a muy baja altitud en oscuridad total, minimizando la detección por los sistemas de defensa anti aérea (algo respaldado por los videos que hemos analizado). Sin embargo, la ausencia de una respuesta de los sistemas de defensa fue antiaérea o de los propios cazas en alerta convierte la superioridad tecnológica estadounidense en una simple demostración de fuerza que no encontró resistencia activa. Supongamos lo siguiente: ¿Cuantos videos ha visto usted de los helicópteros sobrevolando Caracas? Si los vió quien graba, también estaban a distancia de tiro. ¿Por qué no fueron derribados? Sencillamente los medios de defensa antiaérea se confiaron, llevaban varios días en tensión y ya pensaban que nada iba a pasar.

La seguridad personal de Maduro se batió, según algunos reportes y cálculo de tiempo, en que llegan al lugar donde posteriormente lo secuestran, aproximadamente dos horas en un intenso combate, circulan nombres y grados de algunos efectivos de la Guardia de Honor Presidencial pero nada oficial aún. Es evidente que el Batallón de Honor dió la pelea, entre ellos nuestros combatientes que cumplían misión en el hermano país, prueba de ello es que el mayor tiempo en todo la operación fue este combate, pero quedaron solos, sin apoyo, y el resultado final fue el secuestro del objetivo de alto valor, por lo que no hubo un plan de salida, medios alternativos de escape, barricadas para impedir la incursión enemiga o comunicación con unidades de apoyo de las Fuerzas Especiales venezolanas, que debían estar en Guardia Combativa.

Exceso de Confianza y Relajación de Protocolos. En nuestro análisis inicial ya se señalaba el exceso de confianza en el entorno de Maduro, incluso siendo visto manejando por Caracas. Este comportamiento dista mucho de los protocolos de seguridad de un objetivo de alto valor bajo amenaza constante. La seguridad del presidente se había vuelto estática y predecible, lo que facilitó el trabajo de inteligencia de los norteamericanos.

El presidente Trump reveló que Maduro intentó alcanzar un refugio fortificado dentro de su complejo, descrito como una «fortaleza» con puertas de acero. Sin embargo, la velocidad de la Delta Force fue tal que el plan de contingencia fracasó. La seguridad falló en:


•⁠ ⁠Alerta Temprana: No detectaron la aproximación de los helicópteros a tiempo para que el Presidente Maduro alcanzara el refugio.


•⁠ ⁠Respuesta Táctica: La fuerza de aprehensión «se movió con velocidad, precisión y disciplina», superando la capacidad de respuesta de la cápsula de seguridad. El hecho de que la captura se lograra sin bajas estadounidenses supuestamente (solo una aeronave impactada) sugiere que la resistencia fue ineficaz. Estos datos de cero baja estadounidense hay que tomarlos con precaución, difícilmente en un combate tan intenso como parece fue el que terminó en el secuestro de Maduro, no existan bajas de parte y parte. Trump no es conocido por su honestidad, y toda esta operación también es un mensaje intimidatorio al resto de países adversarios de EEUU en la región.

La «Operación Resolución Absoluta» fue un éxito para Estados Unidos, hay que decirlo tal cual, pero fue, ante todo, una derrota autoinfligida para el aparato de seguridad venezolano. El secuestro de un jefe de estado en funciones, en el corazón de su capital y sin una batalla aérea o terrestre significativa, no es un simple revés, sino la evidencia de que el sistema de defensa y protección colapsó desde sus cimientos.

La combinación de traición interna (Inteligencia), parálisis de mando, y la inacción de la defensa aérea convirtió una operación de altísimo riesgo en una simple incursión de precisión. Como se señala en uno de los análisis, cuando llega el momento decisivo y no se despega, la derrota no viene del enemigo, sino «desde adentro».

Con los días podremos ver realmente que sucedió, que falló, pero sobre todo veremos según las acciones de los actores, quien traicionó al Presidente Maduro. Nuestra disyuntiva es clara, prepararnos para que esta aventura le salga, si se atreven, bien caro al imperio, la única manera de evitar la guerra, es prepararse lo mejor, para ganarla. ¿Se puede? Claro que si, tenemos ahora un deber moral con nuestros hermanos caídos en el cumplimiento del deber.» [9]

Obviamente falta más información sobre lo que ha acontecido, no solo en los entornos del gobierno y del ejército venezolano, sino entre estos entornos y el gobierno de los Estados Unidos de Norte América , sus servicios de inteligencia y secretos, además de otros operadores, fuera de los acuerdos a los que se ha llegado. No contamos con esta información. Sin embargo, haciendo comparaciones históricas podemos intentar algunas conclusiones histórico-políticas.

Hay que distinguir los regímenes neopopulistas de lo que fueron las estructuras organizacionales militarizadas comunistas en la guerra de Corea, en la Guerra del Vietnam y en Cuba. Los regímenes neopopulisatas se caracterizan por la retórica y demagogia, por el apego al espectáculo y al teatro político, a reducir las acciones y las prácticas políticas, económicas y militares al espectáculo, a la demostración mediática. 

Lo que aconteció en la guerra de Corea, en la guerra del Vietnam y en Bahía Cochinos, en Cuba, fue una respuesta coordinada, organizada, social y del Partido Comunista, en un ambiente de entusiasmo revolucionario, de entrega y de voluntad a realizar el acto heroico. Toda estas características y condiciones subjetivas indispensables son una notoria ausencia en los regímenes neopopulistas, que, además, se inclinan por la forma de gubernamentalidad clientelar, ocasionando corrosión institucional y galopantes corrupciones.

Como dice el informe cubano, no hubo respuesta, más bien lo que parece evidente es el saboteo interno, la complicidad con el invasor, la traición, además, quizás el arreglo anticipado con el gobierno estadounidense y sus dispositivos militares, de inteligencia y secretos, fuera de otros operadores. 

Una conclusión respecto a lo que ha venido pasando en los regímenes neopopulistas, llamados «gobiernos progresistas», es que han sido una pérdida de tiempo, además de ser experiencias desmoralizantes, en vez de fortalecer la potencia social, la han debilitado, en vez de hacer la revolución, han generado la contra-revolución interna, en vez de preparar la defensa se han dedicado a montar espectáculos de desfiles militares. En vez de invertir productiva y socialmente se ha formado una burguesía rentista, que gobierna. El populismo latinoamericano ha resultado ser el mejor cómplice del imperialismo, del colonialismo, del neoliberalismo, creando las condiciones para las intervenciones imperialistas, reaccionarias y el retorno de los ultraconservadores, cada vez más triviales, siendo ejemplos de la banalización del mal. 

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Notas

1. John W. Dower: El violento siglo americano. Guerras e intervenciones desde el fin de la segunda guerra mundial. Crítica. Editorial Planeta. Barcelona 2018.

2. John W. Dowe: Ob. Cit. Pág.19.

3. Ibídem: Págs.21-22.

4. Ibídem. Pág. 22.

5. Ver OB. Cit. Pág. 33.

6. Ibídem. Pag. 73.

7. Ibídem. Pág. 81.

8. Ibídem. Págs. 97-98.

9. Análisis técnico militar desde Cuba.